1-2-3 POLLITO INGLES
di gr304 (01/07/2010 - 12:06)

Hace unos días Choi me ha avisado de la llegada a Roma de una amiga, invitandome a ayudarla en el descubrimiento de la ciudad eterna. Admito que me habría encantado quedarme tumbado en el sofa (cómo los primeros días de vacaciones) todo el día, pero a Choi no sé decir nunca que no. Tracy habla inglés con un accento español y castellano con accento inglés, bueno una cosa rara pero graciosa. Le explico que el momento es un poco particular, que hay un poco de tensión en todos los sitos, en la cola en el horno cómo en la parada del bus, que pero se debe no tanto a nuestra cultura latina sino al momento político que estamos pasando, y que pronto (espero) volveremos a la normalidad, a la vida en la calle, a las mujeres sentadas en los portales que te saludan y te preguntan por tu familia y te recuerdan que fuiste pequeñito y que corrias detrás de un balón toda la mañana debajo de la "Sampe". Parece que este país haya cambiado tan de repente y me da una pena verlo tan asustado del presente.

A Tracy le cuento algunos refranes típicos de Roma (se rie cuando le digo "dimme er Pantheon, nun me dí a Rotonda") y le cuento de los poetas, de Pasolini, Belli y del Trilussa doblado con los codos sobre una piedra en Trastevere, cómo si estuviera mirando a la gente que pasa, a sus vestidos a la moda, todos iguales cómo nos han enseñado los americanos. Unos niños juegan cerca de un arból, le digo que este juego lo odiaba de niño, me aburria muchisimo, prefería el escondite y me comenta que en su tierrra se llama "1-2-3 pollito inglés"...

Otro día me pide de ayudarla en la busqueda de un par de botas pero es más dificil de lo que parece. No me acordaba de la existencia de tantas tiendas que venden botas,¿para que serviran tantas tiendas? pienso dentro de mi cuando llegamos al final de Viale Marconi sin haberlas encontrada. Me transmite siempre mucha ternura pasearme por mi barrio o por las calles que parecian tan lejos de mi casa antes y que en cambio, ahora se han acercado todas. Decido llevar Tracy a comer con mi familia, para que su inmersión en la realidad sea total, comemos da Bruno cerca de casa, le digo que la payata por la noche es pesada, pero se fia de Roby que le sugiere la cicoria ripassata y otras delicias de una cocina antigua pero renovada.
Cuando Tracy vuelve a su país lleva consigo unas estatuas de la Befana compradas en Piazza Navona, unos cuantos refranes nuevos y muchos recuerdos míos, pero ningun par de botas nuevas.





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